Porque resulta siempre más natural para mí hablar de mis dolores y de mis pérdidas (quejarme y llorar pareciera ser menos pudoroso que manifestar públicamente mis alegrías ), es que no puedo dejar de escribir aquí sobre las inconmensurables bendiciones que he recibido en mi vida...
Y tengo evidentemente cuatro grandes , grandes , enormes motivos de felicidad: se llaman Ignacio, Emilio, Antonia e Isidora.
Ignacio siempre me ha llenado de dicha. Desde que llegó a mi útero, sentí algo especial, algo particular que hoy casi 19 años después de su nacimiento, sigue existiendo de manera tangible. Así, una complicidad que él y yo conocemos bien, nos mueve y nos reúne aunque discutamos y nos enojemos como cualquier binomio madre -hijo. Pero esta vez no quiero hablar tanto de Ignacio, porque ya he dicho mucho y bien sabe él lo que representa para mí.
Emilio fue el más deseado de los niños... buscado, esperado y recibido con profunda alegría. Llegó , diferente a todos desde un principio: más grande, más gordo, más claro... Sus diferencias neurológicas tampoco tardaron en hacerse notar y pronto sus ojos de miel me hicieron conocer el dolor en el sentido más hondo de la palabra. Dolor de miedo. Dolor de luto por el hijo sano. Dolor de lo desconocido, dolor de la discriminación, dolor del esfuerzo renovado y desgastado, dolor de la lucha eterna, dolor de la rabia... ¡qué escuela ha sido! Pero creo muy sinceramente, y no lo digo a modo de consuelo, ni por querer darle una explicación a algo que a lo mejor no la tiene, creo firmemente que sólo cuando se ha conocido tanto sufrimiento , sobre todo cuando éste ha sido crónico y larvado como cruel y prolongada agonía, sólo entonces se puede gozar saboreando con toda conciencia la felicidad. Porque lo he vivido y lo sigo viviendo, puedo decir que mi alma se engrandece y se ensancha en mi pecho, cada vez que veo lo bien que está hoy, cada noche que interrumpe mi sueño y me abraza ( aunque eso signifique miles de horas de deuda onírica), cada vez que sus expresiones me sorprenden, como hoy por ejemplo, que abriendo la puerta de mi baño como siempre lo hace , me mira con cara pícara y me dice" ¡te pillé!" y luego "¿ ya te limpiaste?".... Emilio, mi dulce y tormentoso niño, decir que te amo queda pequeño....
Y mis gemelas... imposible no destacar que son dos, aunque cada una con sus características individuales particulares... Cómo no resaltar este milagro de la naturaleza, este precioso dos en uno, sin decir que fue sino un regalo, un premio que alguien que me ama me mandó, aunque yo no siempre lo sepa reconocer ni agradecer...
Antonia, mi feroz Antonia... mal carácter,mal genio, pero apasionada, dueña de una sonrisa capaz de iluminar cualquier noche,y de una fuerza interior que me consuela cada vez que me desespero,con un amor incondicional y una emoción que me despierta cada vez que la veo superándose, tocando la guitarra,compitiendo y llegando última pero sin nunca cansarse de competir...Simpatiquísima, con un sentido del humor mordaz y bella, intensamente bella. Confío en que sabrá encontrar su camino, confío en que logrará superar sus impaciencias , y que esta escuela de tolerancia que Emilio nos dejó a todos,limará sus asperezas y que logrará ser profundamente feliz.
Y mi Isidora... de guagua, con sus ojos oscuros y profundos fijos en mí, supo leer en mi corazón como en un libro abierto... Tierna , tan tierna que podría ser débil, floja como ninguna, pero dulce , dulce como el almíbar y hermosa como un sol. Mi amada Isidora... celosa y posesiva, llegaste última creyéndote mi dueña, así por que sí no más por derecho celestial ...y de alguna forma sabes más allá de lo conveniente quizás, que siempre siempre estaré de tu lado... me da un poco de susto Isi, no quiero verte dejándote arrastrar por otros por falta de convicción propia, no quiero que no seas capaz de valorar tu propia fuerza, tu extraordinario valor de perla rara.. Trata de ver toda la belleza que posees mi amor... el mundo está en tu mano si confías en ti mi amor... Yo creo en ti... ¡hazlo tú también!
Mis hijos son mis cuatro bendiciones... Estoy orgullosa de cada uno de ellos. He tratado de entregarles y trasmitirles amor, confianza,respeto, alegría y mucho, mucho humor. Ojalá sea suficientes para dejarlos preparados. La vida les pertenece... a ellos de enfrentar los desafíos que les toquen, con las armas que traté de darles.
Ellos son mi fuerza, ellos son mi motor, ellos son mi mejor logro... y doy gracias, gracias por ellos.