miércoles, 30 de junio de 2010

pesadilla

Siempre repito lo mismo: aquí hay una equivocación. Saqué boletos para comedia y me metieron en una tragedia de bajo presupuesto.No me la ponen fácil en verdad. Como bombo en fiesta , recibo una tras una tras una...Y así como membrillo escolar esbozo pobres y desdentadas sonrisas que engañan a pocos. Hasta cuando hago de víctima, no quiero seguir jugando. Ahora quiero ser la mala, quiero atreverme a golpear y a tener la cuerda que tira la bestia. La vida , mezcla pasajes rosados y llenos de despreocupación con días como este en que pareciera que ya no puedo seguir llorando más porque no me quedan más fuerzas para hacerlo. Así se van surcando las marcas que terminan siendo prfundas arrugas para siempre.Ni siquiera quedan ganas de ponerse todas las cremas que ilusamente compro pretendiendo ser un poco más liviana.Esto se parece mucho a la tortura. Mis hijos, quiero que dejen de lado a mis hijos. Quiero que respeten mis espacios, que me dejen ser también alegre, simpática, encantadora.Tengo un verdugo personal... creo sería mejor un personal trainer. Quiero, quiero, quiero enormemente ser feliz...pero no lo logro.Por primera vez hoy deseé hacer desaparecer a alguien ... nunca había sido tan intenso ese deseo.

martes, 22 de junio de 2010

Entonces

Entonces si no quieres
hablar del asunto
ni de la libertad
ni de la generosidad
ni del libre albedrío

Entonces si quieres
ante todo crudamente
que grite mis miedos
mis carencias
mis abandonos

Entonces si no debo
ni pensar en lo correcto
ni temer atropellarte
ni si voy a asustarte
o quizás dañarte

Entonces aunque escondida
te pediré a toda voz
quédate conmigo por favor
y te rogaré que me quieras
como una pequeñita
que te suplica, que te solicita
ven conmigo, ven conmigo amor

sábado, 19 de junio de 2010

infancia Argel

Fui la menor. Eso puede sonar bien, si lo vemos como la más regalona, pero también puede sonar mal si pensamos que a la última, nunca se le explica nada, y se da todo por entendido. Así me pasó a mí. La mayoría de las cosas las tuve que concluir de fragmentos de conversación robados al descuido de los mayores . Me creía muy madura , pero no sé porqué. No recuerdo que mi madre o mi padre se sentaran algún día a explicarme cosas. Como cuando partimos de Chile. Como porqué Argelia. No, ninguna explicación. Sólo sé que de pronto, con 9 años , después de ser la típica niña "brillante" de colegio británico de provincia, me encontré en el norte de África, sin conocer el idioma, bajo el implacable sol mediterraneo de junio, descubriendo hormigas gigantes en la sorprendente tierra roja que tapizaba el complejo habitacional dónde viviríamos los siguientes 9 años .
Tocaba adaptarse y rápidamente lo absurdo llegó a formar parte de lo cotidiano.
Cuando mi papá me inscribió en el colegio francés de Argel, simplemente me pusieron en un curso superior, por error o por negligencia ya que al darse cuenta del hecho tampoco importó, asumiendo que daba lo mismo… y así quedé , la chilenita más pequeña del curso, por edad y por porte, estigma que arrastré por toda la escolaridad . En verdad fue una experiencia divertida. Recuerdo perfectamente a algunos de mis compañeros, Wambo de Zaire , me daba susto al comienzo, nunca había visto un negro de verdad. Milja de Yugoslavia ( divertido también pensar que ni Zaire ni Yugoslavia existen hoy), había también un chico rumano cuyo nombre borré de mi memoria, que era un balazo para las matemáticas, Attila de Hungría , una Nathalie , francesa, ultra antipática , y estaban también Patricia y Juan Pablo de Chile y un montón de Karim, Nadjat , Yasmine, Philippe, Isabelle….. No alcanzaba a darme cuenta de lo excepcional de este mapamundi representado en un salón de clases en el que nos sentábamos en pupitres que se juntaban en una U, escuchando a un maestro de origen indio, admirador absoluto de Francia y que despreciaba al resto del mundo. Para qué decir que América Latina ni siquiera calificaba en su evaluación valórica y esta llegada de chilenos a su clase lo tenía sin cuidado.
Aún recuerdo su cara de completa estupefacción al corregir un día las redacciones de francés sobre no recuerdo qué tema. Me llamó a su escritorio y pensé qué habré hecho, acostumbrada a ser objeto sólo de sus comentarios lapidarios o sus retos o sus burlas por nuestro mal francés. Pero ya habían pasado un par de meses y los niños chilenos ya hablábamos y escribíamos francés casi aceptablemente. Pero esta vez al acercarme , me di cuenta que su expresión era distinta. Me preguntó si alguien me había ayudado a hacer la tarea. No, le contesté. Entonces llamó a su señora, la maestra de 4º año, un curso más bajo que el nuestro , francesa por supuesto y los escuché discutir un rato mientras me miraban de reojo. Entonces , casi obligado y sin mirarme , me dice “ mira , no sé cómo lo hiciste pero esta es la mejor redacción que he visto hace tiempo.” Y tuve un A+… no estaba feliz porque comprendí que pensaron que había hecho trampa. Sólo que de ahí en adelante obtuve las mejores notas en francés , para siempre. No pasó lo mismo con matemáticas. Siempre quedé con la sensación de un vacío que jamás recuperé , más por un déficit de confianza que por verdadera flaqueza de conocimientos, pero quizás podríamos dejar éste como el primer elemento de inseguridad de mi vida…

viernes, 18 de junio de 2010

De nuevo, las dudas...

No hay nada peor que ser enrollada.. pensar, pensar, pensar, mirar desde fuera y olvidarme de la felicidad, del placer, del secreto de la intimidad. Sentirme tan vulnerable y tan culpable, arriesgarme y darme cuenta cuánto daño puedo causar, porqué las cosas son así , porqué no se me facilita la vida, porqué elegir lo equivocado, porqué pensar que es equivocado si es tan perfecto, porqué no es perfecto en verdad, tantos , tantos , tantos porqué.

martes, 15 de junio de 2010

Límites por favor

Al final creo que me acerco a lo medular de la eterna problemática de mi vida: el no saber poner límites. Yo soy la que permito que me usen, la que me pongo de alfombra, la que se entrega más de la cuenta , la que comprende hasta lo más inaceptable, la que está dispuesta a ceder, la del sacrificio obligado y supuesto. Será como una deficiencia en el instinto de sobrevivencia, un pánico tan descarnado al enojo hacia mí, una terrible e imperiosa necesidad de aceptación? Creo que el diagnóstico está claro... pero lo que me tiene en constante angustia es el darme cuenta que no sé como salir del pasivo estado del diagnóstico hacia el mucho más trascendente y activo de la intervención terapéutica: sencillamente no me atrevo a actuar... no me atrevo a ser drástica, no me atrevo a cortar, no me atrevo a ser agresiva...y permito que me descueren, que me destruyan , que me estrujen...como si no fuera importante...Estoy paralizada, no puedo avanzar, no puedo pensar, no puedo decidir, no puedo...no puedo...

Daños colaterales.. cómo resignarme a ser considerada como tal? Creo valer más que eso...

domingo, 13 de junio de 2010

SOS

Estoy inquieta. Tantos temas sin resolver, tanta falta de conocimiento y mis hijos en el medio. Bueno, no sé de dónde habré sacado que como madre no debería cometer errores... porque los cometo y a cada rato. Pero creo que en general mi tema prioritario ha sido tratar de ser una buena madre, en el sentido de ser un referente sólido para mis niños. Perdón a los que aburro con mi repetido repertorio... pero no sé como manejar la problemática del padre de mis hijos. trato sinceramente de cuestionarme y de ver si a lo mejor no estoy actuando de manera prejuiciosa. Trato de ver que a lo mejor puede ser beneficioso para mis hijos el destape de su padre.
Por el momento sólo pido tiempo para pensar. Las cosas han ido demasiado rápido para mí, aunque el padre no lo entienda... necesito juntar mis ideas, ordenarlas, someterlas a juicio, conversar con personas idóneas que me puedan dar su(s) visión(es). Y por otro lado estoy aterrada, con pánico ante la idea de ser demasiado blanda y de permitir la violación constante de los derechos de mis niños, yo, quién supuestamente estoy aquí para protegerlos, no estaré pecando de demasiada permisividad, no seré culpable de una suerte de abandono?
Estoy inquieta, preocupada, asustada. No quiero seguir en la superficie del tema. Quiero ahondar en él y necesito tiempo y valor para ello. Estoy leyendo el libro de Pilar Donoso, la hija de de José Donoso,"correr el tupido velo" dónde valiente y dolorosamente expone el proceso del descubrimiento de la condición de su padre, expuesta en la dualidad constante de los diarios que éste mismo le dejara... la lectura ha sido devastadora para mí. Y en cada letra adivino el transtorno profundo y terrible de esta hija a quién sin conocer agradezco la entereza.
No sé qué pensar.
Me siento sobrepasada. Me falta altura para mirar sin enojarme, sin sentirme responsable o víctima.
Que alguien me ayude.

viernes, 11 de junio de 2010

asimetría

De pronto la asimetría me parece de lo más atractiva. Me atrevo por primera vez desde hace tantos , tantos años a pararme sobre mis deseos propios, desafiante, rebelde , atreviéndome a desobedecer al "deber" y a lo apropiado. Y soy feliz... hacía tanto tiempo que no me sentía así. Una felicidad del jardín secreto, del yo más yo, de la piel y del alma, una felicidad inesperada, inapropiada y secreta... qué importa! No era lo esperable ni lo recomendable, pero qué importa!!! No lo puedo proyectar en el tiempo, ni puedo gritarlo como quisiera, me cuesta callarme, me cuesta tapar mi habtual transparencia , pero aquí estoy viviendo el sueño que dure lo que dure , de verdad no espero más que sólo entregar y recibir este inesperado y sorprendente regalo...

Asimetría, fascinante y maravillosa asimetría... bienvenida a mi vida.

viernes, 4 de junio de 2010

Un Cuento (que nadie quiere leer)

Este es un cuento de príncipes y hadas. Claro que no de príncipes encantados ni de hadas mágicas, sino que de príncipes y hadas bastante humanos.



Había una vez hace mucho, mucho tiempo en un país lejano que ya nadie recuerda, un pequeño príncipe. Era muy querido por toda la gente porque tenía muy buen corazón, era puro y sincero, era respetuoso e inocente, y tenía grandes ansias por aprender. Solía pensar que era un niño con suerte, ya que donde iba siempre se hacía querer, y la vida se le hacía más fácil. En el país olvidado, la gente lo llamaba el Principito.
Al Principito le gustaba explorar y a menudo se iba a estudiar las plantas y los árboles del bosque. Ahí observaba y tomaba apuntes y dibujaba, y sus conocimientos de botánica ya alcanzaban un buen nivel, pero hubiera querido aprender más. Fue entonces que se encontró con el hada. Como todo el mundo sabe las hadas viven en los bosques, junto con los duendes, genios y otros.
El hada llevaba varios días observando al Principito, y fue cuando lo vio cansado que se le acercó y le dijo: “si quieres yo te puedo enseñar algo más”. Él no se sorprendió en absoluto. Su corazón de niño no dudó ni un momento en aceptar tan generosa invitación. Y el hada estaba feliz de tener tan aventajado pupilo. Además todo el mundo sabe que cuando alguien cree en las hadas, éstas se fortalecen.
El principito aprendía rápido y pronto el hada se dio cuenta que no tenía mucho más que enseñarle.
“Ve ahora a los montes” le dijo. “Tienes que aprender también de otras cosas, pero no te puedo acompañar allá, ya que no puedo abandonar los bosques….ya encontrarás algún otro profesor”…. El principito la miró un poco con pena, un poco agradecido y le prometió venir a verla seguido. Ella sabía que no sería así pero igual le sonrió y le dijo “me las arreglaré para saber de ti… un ojo mío te irá siguiendo, porque te llevas parte de mi alma…. Aunque sea de lejos, velaré porque seas feliz”. Se abrazaron y se despidieron, emocionados.
El partió a los montes y de ahí se fue al mar, y así fue creciendo su sabiduría pero su corazón permanecía puro. El hada seguía con sus actividades en los bosques, con los duendes y los genios y se encontraba bastante ocupada porque en estos días se discutía si las hadas seguían siendo útiles, sobre todo las como ella, que eran hadas de las emociones, del amor y de la entrega. Un movimiento de genios decía que en estos días, ya no se requerían emociones y que sólo las buenas ideas valían, las ideas geniales.
Como los genios tenían mucho poder, las hadas como la de nuestro cuento se veían fuertemente amenazadas. Y como nadie ha escuchado jamás hablar de hadas cesantes, hay que creer que el movimiento iniciado en esos tiempos en el país olvidado, debe haber resultado bien. Pero la cosa es que ella se encontraba bastante atareada, lo que no le impedía acordarse a menudo del Principito, de quién se había encariñado mucho.
El Principito por su lado tenía múltiples y en realidad agotadoras actividades. Reuniones con otros príncipes y princesas, encuentros científicos de príncipes sabios, olimpiadas de príncipes, por sólo nombrar algunas. A veces recordaba su hada y le complacía mantener la ilusión de que las hadas como ella seguirían existiendo mientras príncipes como él siguieran creyendo. Porque si algo había aprendido él de ella, no era tanto de plantas sino de la importancia del dar, sin esperar a cambio, y de la belleza de compartir un pensamiento, una idea, un proyecto. Se había dado cuenta que a veces el ayudar no era necesariamente hacer un montón de cosas, sino simplemente estar ahí, para escuchar y tomar la mano. Pensaba que cualquier día de estos iba a volver al bosque a decirle al hada lo que había aprendido, pero los días pasaban y sus actividades se iban multiplicando.


Después de un tiempo, él volvió a los bosques pues debía terminar algunos apuntes de botánica que habían quedado inconclusos. Y no se conoce un buen príncipe de nuestro país olvidado que no haya sido un erudito en plantas. El Principito buscó al hada y ella apareció inmediatamente.
El principito le dijo “estoy súper feliz de estar aquí, y voy a pasar unos meses en el bosque”. En ese momento sonaba como que eran muchos….Ella se puso muy contenta porque pensó que iban a tener mucho tiempo para conversar y aprender el uno del otro. Ella lo veía con ternura, como si fuera un poco un hijo, un discípulo a quién legar sus emociones. Lo veía conversar con otros príncipes, tomar y cuidar las plantas y le parecía que su delicadeza sólo podía explicarse por un alma extraordinaria. En realidad depositó en él sus sentimientos más esperanzados.
Sin embargo el tiempo había pasado, el Principito ya no era tan niño, y ella lo había estado pasando mal en su bosque de duendes, hadas y genios. Tenía pocas hadas con quién conversar ya que todas estaban muy ocupadas, los duendes andaban por ahí preocupados de sus travesuras y los genios tratando de imponer sus opiniones en forma cada vez más dictatorial. Sin darse cuenta como, pronto para el hada los momentos más gratos fueron los escasos encuentros con el Principito.
Por algún capricho de las estrellas justo en ese momento el Principito entró en una fase de crisis, preguntándose el porqué de las cosas, el porqué debía ser tan complaciente y tan agradable para los demás… pensó que tenía que averiguar que era lo que quería él realmente y eso le significó romper con muchas estructuras que antes le daban seguridad.
¿Y que pasa cuando un hada triste y un Príncipe rebelde se encuentran?
El Principito un día se sentó bajo un árbol tremendo y solitario y pronto se apareció el hada. Ella tenía mil años pero cuando estaba con el Principito los años y las penas desaparecían y sólo quedaba la alegría de estar junto a él , de poder contarle, escucharle, aconsejarle …hubiera querido darle mucho más, acurrucarlo ,protegerlo y darle respuesta a todas sus interrogantes pero sabía que no podía . Hay algunas reglas que no se puede infringir y una de ellas es que las hadas no atraviesan la línea que las separa de los Príncipes.
“¿Porqué te has estado arrancando de mí?”-le preguntó ella… Era un hada un poco perseguida en verdad pero igual él la quería porque siempre había gozado de su preocupación y de su generosidad sin que él tuviera mucho que hacer más que dejarse querer. El Principito trató de explicar lo que ni él mismo entendía, que estaba cansado, que quería hacer cosas por él, y que quería ir más allá de los límites del país olvidado.
Ya no hablaban de plantas, sino de él y a veces también de ella. A ella se le ocurrió contarle sus problemas y él se sorprendió porque nunca pensó que las hadas pudieran tener problemas, y menos con los genios. Se dio cuenta que ella había estado triste y sola. Pero se dio cuenta que de ella también quería arrancar porque ella le imponía sin querer normas de conducta.
Ella le aconsejaba que descansara, nunca las decisiones que se toman cansado son buenas, le dijo. Pero él no la escuchaba. Así fueron cayendo las hojas del árbol y ellos seguían ahí sentados. Ella se sentía pequeñita y él emocionado. Cuando las palabras quedaron cortas se tomaron de la mano y al querer abrazarse para decirse lo mucho que se querían, se dejaron llevar y rompieron la regla: se besaron.


Entonces el bosque inmediatamente se enfureció. Las ramas se enredaron y la luz se escondió, el viento sopló… ¡Las hadas no besan a los príncipes, y los príncipes tampoco a las hadas! Eso todo el mundo lo sabe y ellos habían desobedecido.
Como él era joven aún, le echó la culpa a ella y ella, también se la echó a ella porque tenía mil años y eso la hacía responsable. Ella lo quería entrañablemente y se culpó, se culpó mucho por lo sucedido. El Principito salió corriendo del bosque y decidió no volver en mucho tiempo. Ella intentó buscarlo, llegar a él, pero no podía salir del bosque así que no lo volvió a ver más.
Él decidió que no iba a creer más en hadas, y así ella se fue debilitando. Las hadas necesitan que crean en ellas para seguir vigorosas y activas. Este mundo ya ha matado muchas hadas, por eso poco espacio queda a las emociones y de existir, éstas son despreciadas.
Ella se quedó en el bosque, triste y cansada. Escuchó a otros príncipes y otras princesas que la culpaban y su pena fue creciendo. Ella era hada de emociones buenas, del amor y del perdón, no soportaba vivir con la idea que se la culpara de maldad, egoísmo o mala fe. La culpa que ella aceptaba, pensaba ella, era la de haber atravesado la frontera prohibida del mundo de los Príncipes y del mundo de las Hadas….aunque en el fondo de su corazón el amor que ella sentía por el Principito seguía reclamando su derecho a existir y le costaba razonar y aceptar que tenía algo que reprocharse.
Sola y sin Principito a quién acompañar, se dedicó a resolver los problemas de su bosque. Organizó debates y se logró normar los roles de duendes, genios y hadas sin menoscabar ninguno, eso la hizo sentir mucho mejor. La vida en el bosque mejoró y volvió a sentirse parte del bosque. Pero cada vez que recordaba al Principito una nube ensombrecía su frente y su energía bajaba…por suerte otros príncipes la habían mantenido ocupada, haciendo miles de preguntas, haciéndola sentir viva y creyendo en ella. Gracias a eso sobrevivió.
El bosque ya le había perdonado su falta, pero el Principito no volvía. Ella les encargaba a los pájaros del bosque que le dijeran al Principito que volviera, sólo para darse una oportunidad de rescatar el cariño. ¿Acaso se puede desechar el amor por un error como un beso? ¿Es imposible superarlo? Ella sabía que el tiempo en este caso, no iba a curar la pena, sino que iba a hacer morir el cariño. Y ella no quería eso, había perdido demasiadas veces en su vida a gente y lugares que le importaban mucho. Y cuando se tiene mil años, esas cosas cuentan.
Se preguntaba como estaría el Principito. ¿En qué lugar lejos de su reino andaría, cuánta inocencia habría perdido, cuánta fe le quedaría?

El final de este cuento, no lo conozco. A lo mejor tú puedes escribirlo. Quizás el Principito nunca vuelva, y en los mil años que le quedan al hada, tendrá que aprender a vivir con esa penita , de no haber hecho las cosas bien con quién tanto quería. De haber perdido toda oportunidad de estar algo cerca en su vida. De estar ahí cuando el Principito fuera padre. De estar ahí cuando el Principito fuera mayor.
O quizás, cuando sus heridas hayan sanado, el Principito logre darse una oportunidad real de perdonar. De perdonarse a sí mismo y de entender que lo vivido previamente igual era rescatable. Que un solo beso no puede borrar de un plumazo años de conocerse, de entregarse.
Que las hadas sí existen y que él tiene la suya, escondida en el bosque…

Te quiero contar

Te quiero contar, porqué la pena se asoma al pasar a pesar de la fuerza aparente, de la decisión en la voz y de los gestos falsamente seguros. Te quiero contar que en la soledad de mi espacio, en mi cama , en el auto, en el agua, los años de dolor me presionan y me aprisionan, recordándome sin piedad una deuda antigua de la cual no me logro desligar. Te quiero contar que quisiera correr, gritar, suplicar pero que no puedo porque tengo un rol que cumplir, porque mis hijos dependen de mí y no cabe el egoismo de dejarme morir. Te quiero contar que sueño con la locura de un amor verdadero, de hombre certero y decidido por mí, un amor que no se quede pequeño ni se esconda ni se reprima. Te quiero contar que mi cuerpo quiere sentir pero no sin el alma de compañera . Te quiero contar que busco verdad y entrega y siento que mi libro abierto se tiene que cerrar. Te quiero contar que me duele como si la piel se me hubiera desprendido al pasar por la vida, guardando la sonrisa a pesar del ardor. Te quiero contar que seguiré caminando convencida que la soledad será después de todo la más fiel de las compañías.
Te quiero contar que ésta soy yo, que me equivoco y que sigo tanteando como ciega sin bastón.Te quiero contar ... te quiero contar.

martes, 1 de junio de 2010

Las palabras son mágicas
cuando salen de tu boca
flotan en el aire
forman una ronda
y cantan en mis oídos
encantan el espíritu
y enamoran el corazón.

Las palabras son puentes
que tiendes sin parar
invitando a la felicidad
de una dulce noche
entre tus brazos
esperando para seducir
en un poema para mí.

Las palabras son cuchillos
cuando dices adiós
con los labios
y te quiero con los ojos.
Van matando lentamente
la promesa del abrazo
de un amanecer