martes, 31 de mayo de 2011

Carretera austral

La carretera austral tiene un encanto inigualable. El camino de tierra, la soledad verde, el aire, la vegetación señora del horizonte, las araucarias, las montañas nevadas…un sentimiento de aventura y de descubrimiento los invadía a todos, embriagados por una mezcla de majestuosidad salvaje y de pequeñez humana. Ella recordaba esos días como felices.

Iban avanzando con esa sensación de quien descubre el mundo, montados en el auto que bien poco tenía de adecuado para andar por esos caminos. A su lado, manejando con seguridad y la juventud de sus 27 años , su marido. Atrás, en la silla de niño, su hijo de tres años, parloteando como siempre , enamorándola con su brillantez. Un día espléndido los acompañaba con su transparencia y liviandad, luminoso y azul…Ella iba de copiloto, como siempre, entre termos de agua, leche Nido, mapas, comida, servilletas , toallas...no recordaba el tema de aquel momento, seguramente algo relacionado con su hijo, una canción en francés o algo relacionado con la apabullante belleza circundante.

Dibidibi domme dibidibi domme c’est un bonhomme un petit homme qui n’a qu’un habit oui oui oui celui qu’il sait faire ouais ouais ouais.

La polvareda que levantaba el auto tras una curva no logró esconder la silueta parada al borde del camino. Inexplicablemente su marido detuvo el auto, no era habitual que tomara extraños haciendo dedo, pero en el Sur todo cambia, los hábitos también.

Lo recuerda bien. Un tipo de unos veintitantos , extranjero a todas luces, más bien buen mozo con un estilo algo retro tipo Paul Newman. Cabello ondulado, trigueño, ojos claros, cara rectangular, llevaba una polera rosada, camisa cuadrillé abierta y jeans. Ella sorprendida, sólo alcanzó a decir ¿estás seguro? Mirando algo inquieta a su niño en el asiento trasero. Y su marido , con un aire despreocupado le sonríe y el dice , siiii, no te preocupes, estos gringos son simpáticos, imagínate qué hace este tipo en medio de la nada esperando que lo lleven… y sin más, el gringo agarra su mochila, corre hacia ellos y se sube al auto.

Era alemán u holandés o danés , no viene al caso… Se llamaba algo así como Alex y había terminado sus estudios recién y se había ido a recorrer el mundo antes de enfrentar el universo laboral. Hablaron en inglés. Ella no supo porqué, instintivamente, no le cayó bien . Pero pensó un poco más allá se bajará , no vale la pena decir nada. Se equivocaba. Se quedó con ellos los dos días siguientes.

Tácitamente la conversación entre su marido y el forastero la excluía. Y no por un tema de idioma, ella hablaba inglés tan bien como ellos. Ella no sabía si su desconfianza pasaba por un temor por su niño o por algo que no lograba descifrar, algo que no entendía pero que de alguna manera presentía que podía ser enorme y horroroso.

S’est fait des sabots beaux beaux avec des coquilles avec des coquilles des coquilles d’escargot….

Acamparon en un lugar semi agreste. Ellos partieron a buscar palos y volvieron cuando ya estaba oscuro. Demoraron más de la cuenta. Ella no dijo nada, sólo que quería separar las rutas y él la miro como ofendido. Ella se acostó al lado de su hijo , le contó un cuento y respondió sus miles preguntas antes de dormir un sueño extraño y atormentado.

Al día siguiente se despidieron del extranjero y respiró aliviada.

El resto del viaje fue todo lo pacífico, hermoso y sorprendente que podía ser , rematando el todo por una excursión sobre un transbordador entre glaciares azulosos milenarios, gaviotas increíbles posadas sobre icebergs, frío reconfortante y olvido de sí.

Dibidibi domme dibidibi domme c’est un bonhommme…

Volvieron a la ciudad. Quedaba aún algo de verano y se venía su cumpleaños. Entre preparativos y compras tuvo una sorpresa mayúscula. Ahí , entre los invitados se encontraba Alex, sin regalo ni un saludo amable siquiera… qué hace acá???le preguntó ofuscada a su marido… no sé te juro que no sé le contesta él.

Pero cómo ¿le diste la dirección? No recuerdo, te prometo , no sé aaaah y bueno no es para tanto ¿no?

De nuevo esa sensación de sofoco, esa impresión que el aire le faltaba, ese sentir que algo pasa sin ser capaz de descifrarlo. De nuevo ese tormento inexplicable, esa inseguridad ese abismo desconocido. Y ahí instalado como invitado estrella , Alex como gran amigo . En su cumpleaños. No quiero que duerma aquí le dice ella. Te pasaste , le contesta , dónde está tu hospitalidad. No sé dónde andará pero aquí no duerme.

Y termina la fiesta , ella con cara de funeral ,esperando que se vaya Alex, con la firmeza de su instinto salvaje .Entonces su marido le dice, bueno ya que te pusiste tan idiotita , déjame ir a dejarlo.

Eran las dos de la mañana.

No volvió hasta las ocho… la mirada insomne de la joven mujer destruida atravesó la expresión vacía de su marido. Todo había cambiado , el terror se apoderó del hogar e instintivamente buscó el cuerpito de su niño en la cama.

Todo había cambiado , pero ¿cómo? ¿qué¿? Cuándo?

Nos quedamos conversando le dijo .

Nada más . Ni reproches , ni disculpas. Nada.

Años más tarde, muchos años más tarde, cuando su marido se marchara definitivamente de casa, ella recordaría ese viaje por la carretera austral....

No hay comentarios:

Publicar un comentario