lunes, 10 de octubre de 2011

presa fácil de la mediocridad


Cuántas veces he tomado mi pluma o mi teclado con los deseos de escribir y sacar este torrente de lava que llevo dentro… cuántas veces me he decepcionado a mí misma , atrapada por la mediocridad, tapada por la cotidianidad, paralizada por la vulgaridad…
No sé si tenga algo especial que contar en verdad, lo creía cuando tenía 10 años y aún pocas cosas habían ocurrido  dignas de ser contadas… ahora que tengo 45, muchas cosas  que he vivido  me avergüenzan y quizás sea ese el motivo de que el resultado escrito sea tan poquita cosa que no amerite más que un archivar en la antesala del basurero.
Perder la vergüenza: será esa la condición, la razón , la herramienta para dejar nacer este feto de tiempo prolongado? Perder la vergüenza antes que perder la razón …perder la vergüenza antes que perder el orgullo…
Siento esa necesidad de nacer ante mí misma y hacer un exorcismo de la vanidad, de la superficialidad, de la imbecilidad. No sé como hacerlo y quizás si dejo fluir ( dónde escuché eso hace poco? )quizás al fin me pueda acercar a ese proyecto truncado de mí…¿quedará algo que rescatar?

Hoy estoy como muchas veces, en este lugar que amo, Limache, en la paz de su reclusión tan necesaria, acompañada a lo lejos de mis hijos que adoro y de mis padres a quienes siento, debiera manifestar más mi amor, pero muchas rabias pasadas quizás me lo impiden. El sol se mostró esquivo hoy y una suave brisa indecisa se hace presente en la tarde…llegó un Golden de repente a recordarme nuestro querido Marco, pero sólo era un cachorro de pelaje más claro y creí reconocer al perrito de la parcela de la esquina. Emilio lo fue a dejar y resumió en una simple frase de su mundo autista lo que yo no lograba poner en mi boca: “no era el Marco”.

No era el Marco… no era tampoco el matrimonio… no era tan amable… no era cierto … no era sanito…
Tantos no que resuenan en mi melancolía…y aún me sorprendo verme esperando, esperando… como si alguien me hubiera garantizado que los ingredientes de la vida tienen que estar todos presentes, como si fuera un derecho casi tan básico como la alimentación, la libertad, la salud y la educación… el acceso a la felicidad…
Y me doy cuenta que nuevamente he sido la presa fácil de la mediocridad, perdiéndome en futilidades, será que no soy tan inteligente, ni tan profunda , ni tan empática… será que no tengo tanto que aportar…

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