Cuántas veces he tomado mi pluma o mi teclado con los deseos
de escribir y sacar este torrente de lava que llevo dentro… cuántas veces me he
decepcionado a mí misma , atrapada por la mediocridad, tapada por la
cotidianidad, paralizada por la vulgaridad…
No sé si tenga algo especial que contar en verdad, lo creía
cuando tenía 10 años y aún pocas cosas habían ocurrido dignas de ser contadas… ahora que tengo
45, muchas cosas que he
vivido me avergüenzan y quizás sea
ese el motivo de que el resultado escrito sea tan poquita cosa que no amerite
más que un archivar en la antesala del basurero.
Perder la vergüenza: será esa la condición, la razón , la
herramienta para dejar nacer este feto de tiempo prolongado? Perder la
vergüenza antes que perder la razón …perder la vergüenza antes que perder el
orgullo…
Siento esa necesidad de nacer ante mí misma y hacer un
exorcismo de la vanidad, de la superficialidad, de la imbecilidad. No sé como
hacerlo y quizás si dejo fluir ( dónde escuché eso hace poco? )quizás al fin me
pueda acercar a ese proyecto truncado de mí…¿quedará algo que rescatar?
Hoy estoy como muchas veces, en este lugar que amo, Limache,
en la paz de su reclusión tan necesaria, acompañada a lo lejos de mis hijos que
adoro y de mis padres a quienes siento, debiera manifestar más mi amor, pero
muchas rabias pasadas quizás me lo impiden. El sol se mostró esquivo hoy y una
suave brisa indecisa se hace presente en la tarde…llegó un Golden de repente a
recordarme nuestro querido Marco, pero sólo era un cachorro de pelaje más claro
y creí reconocer al perrito de la parcela de la esquina. Emilio lo fue a dejar
y resumió en una simple frase de su mundo autista lo que yo no lograba poner en
mi boca: “no era el Marco”.
No era el Marco… no era tampoco el matrimonio… no era tan
amable… no era cierto … no era sanito…
Tantos no que resuenan en mi melancolía…y aún me sorprendo
verme esperando, esperando… como si alguien me hubiera garantizado que los
ingredientes de la vida tienen que estar todos presentes, como si fuera un derecho
casi tan básico como la alimentación, la libertad, la salud y la educación… el
acceso a la felicidad…
Y me doy cuenta que nuevamente he sido la presa fácil de la
mediocridad, perdiéndome en futilidades, será que no soy tan inteligente, ni
tan profunda , ni tan empática… será que no tengo tanto que aportar…
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