martes, 8 de noviembre de 2011

El jarrón parchado

Un jarrón quebrado que fue cuidadosamente rearmado y pegado  se vuelve a caer.... y se fragmenta de nuevo en los mismos trozos originales , agregándose eso sí fracturas conminutas que lasceran áun más los anfractuosos bordes... sin despedida y sobre todo sin esperanza, las opciones son dos y sólamente dos: rearmarlo con esos pequeños agujeros imposibles de disimular y dejarlo igual por razones nostálgicas semi escondido en algún rincón mal iluminado... o derechamente deshacerse de él, obviamente con sensación de pérdida pero pensando que quizás se pueda encontrar otro que pueda ocupar su lugar de prima donna.

Sin despedida y sobre todo sin esperanza... e igualmente inesperado y poco anunciado como buen accidente.. así todo se quiebra una y otra vez  . Y no sé si quiero el jarrón mal parchado, no sé si me sigue gustando  o si puedo hacer como que se ve bien en ese rincón de una pieza que nadie visita...
Increíble como duele una segunda caída, sobre todo cuando ya se pensaba que la velocidad de crucero alcanzada  era un seguro, cuando se sentía que el suelo era solo una imagen lejana que nunca tocaría con violencia.

Aún no soy capaz de llevar el jarrón al basurero... aún no soy capaz de mirar otro jarrón... pero ciertamente ya le veo las imperfecciones al recauchado y es así precisamente que me llega su imagen, recauchado , de segunda categoría, mediocre, insuficiente, frustrante y desilusionante.

Sin despedida y sobre todo sin esperanza... no voy al tercer quiebre... demasiado fuerte el dolor, al parecer se llevó no sólo mi alegría sino también mi fe.

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