sábado, 15 de mayo de 2010

Cuento: la verdad

La verdad
No sabía como decirle la verdad a sus hijas, ni menos aún si era bueno que les dijera la verdad. Se sentía desenfocada, desubicada, anacrónica. Pero todos esos epítetos no hacían menor su dolor. Ni le daban más luces sobre como actuar. Pensaba que años antes , seguramente no se habría preguntado si convenía o no contarle a las niñas ni sobre el momento oportuno de hacerlo en caso afirmativo. Años atrás se habría ocultado, con un tácito acuerdo general , aunque no habrían faltado las malas lenguas , sólo que antes seguramente más disimuladas que hoy.
Eso la tenía aterrada en verdad. A veces pensaba que a lo mejor con los cambios socio culturales la realidad era mucho más aceptada en el siglo 21 que en el 20 , pero ella había nacido en el 20 , ese era el problema quizás.
Bueno , uno de los problemas. … Puede parecer algo relativamente simple, “miren niñas lo que pasa es que su padre se fue porque se dio cuenta hace poco que le gustan los hombres”. Quizás lo tomaban bien, entenderían porqué ella andaba triste o enojada. Entenderían porque su papá andaba como eufórico aunque nunca lo hubieran visto con nadie a quienes ellas pudieran atribuirle el rol de nueva pareja . Comprenderían porque el tío Pablo y la tía Silvia habían desaparecido del círculo de amistades de sus padres de la noche a la mañana y porque un día en el mall , la mamá apuró el paso y apenas hizo un gesto de la cabeza al cruzarse con la tía.
¿Pero quién les aseguraba que no se sentirían perdidas en un mundo dónde ya nada era como creían? ¿Quién podía decir que esta revelación no alteraría para siempre sus relaciones futuras? ¿Acaso en sus cabecitas podrían alojar tanta inquietud y seguir jugando y sobre todo confiando como antes?
A su hijo mayor ya le habían contado. Aparentemente lo había aceptado bien, pero ella intuía que se trataba justamente de eso , una apariencia. En el fondo , no sabía cuántas cosas había removido o cuanto tenía eso que ver con algunas actitudes que ella había observado en el último tiempo . Actitudes como mayor aislamiento, más irritabilidad, más dureza en los juicios…. Pero él era más grande y tenía sin lugar a dudas mucho más herramientas para enfrentar este tema que sus hermanas menores. Ella no paraba de pensar hasta dónde era cierto que a su hijo le chocara tan poco esta revelación arguyendo que en nuestra época actual la homosexualidad es aceptada de manera más natural que hace unos años atrás. No se la tragaba y trataba de estar atenta al menor signo, pero veía con pena que había construido una verdadera muralla emocional entre él y ella y que difícilmente lograría cruzarla.
Al segundo de sus hijos, no era necesario explicarle las cosas con tanto detalle . no entendería la palabra homosexual o gay como se dice eufemísticamente ahora. Como si al castellano le faltaran palabras. Ahora resulta que un apagón es un blackout y un maremoto un tsunami…. En fin, el segundo hijo era autista. Ella consideraba que eso en sí ya era suficiente sufrimiento y no sólo por la pena de perder al hijo sano sino también por la dificultad del día a día, lo pesado de la cotidianidad habitual en cualquier familia, que aquí se veía aumentado por la violencia, el miedo , la incomprensión y la falta de integración social. A él bastó con decirle que el papá ya no es el marido de la mamá y que se fue, punto. ¿ Porqué? Porque ya no me quiere , le contestó y de inmediato se arrepintió por si él pensaba que el irse está ligado a la falta de amor , pero ya era tarde.
Qué tenía que ver el hijo autista con el marido homosexual, no lo sabía… pero si sabía que su hijo había entrado en un fase de violencia extrema de la cual ella fue la principal victima y que sólo había logrado salir de ella cuando su marido, descubierto al fin, se había ido de la casa. Pero no quería ser injusta… no quería hacer atribuciones que quizás sólo eran coincidencia, las cosas suceden y uno les va dando sentido, secuencia , interpretación…bien o mal. Ya no sabía , ya no sabía nada , su cerebro demasiado atormentado había llegado a perder hasta la certeza más básica.
Un programa de televisión la había sacado de sus eternas quejas sobre su vida. En el History Channel estaban dando un programa sobre la “ Generación perdida” de Argentina. Se trataba sobre las hijos de las detenidas desaparecidas que habían sido “adoptadas” por familias , a veces ligadas a los militares , otras no. Estos niños tenían ahora alrededor de 30 años. Explicaban como los abuelos , abuelas o padres si estaban vivos les habían seguido la pista y después de muchas aventuras habían conseguido hacerles pruebas de ADN. Entrevistaban a algunos de estos hijos recuperados y ellos contaban como había sido para ellos el descubrir que ellos habían nacido en la cárcel , que los padres que los habían criado en muchos casos sabían de su origen y que jamás les habían contado. Se notaba en las caras de estos personajes como se les había desarmado lo más básico de la construcción de sus vidas. Los mostraban mirando fotos dónde era evidente el parecido con el padre biológico, los escuchaba contando como había sido el reencuentro con la familia verdadera , para nada una fiesta alegre en el primer momento, como se pudiera pensar simplificadamente, sino con verdadera angustia, pérdida del control, de la confianza, del piso.
Dios, pensaba ella, conmovida, llorando mientras veía el programa , cómo se puede sobrevivir a eso? Como persona, como familia , como país…¿ cómo se puede reconciliar a través de la verdad los fragmentos de vidas tan complejas y llenas de matices, como seguir amando a la familia adoptiva, como aprender a querer a la biológica, cómo?¿ Cómo armarse después de semejante terremoto?
Lo que más le daba vuelta a ella era como uno de los hijos contaba que al enfrentar a su madre adoptiva cuándo él le empezaba a contar lo que había descubierto , la madre le completaba las frases dejando en total evidencia su conocimiento de la historia, como en shock , incapaz de siquiera tratar de hacer como que no sabía nada…y el hijo sufría de no poder perdonar el que no le hubiese dicho nada y que hubiera guardado la verdad tanto tiempo.
No son historias comparables y decirle a unos hijos que su padre es homosexual quizás parezca bastante liviano al lado de lo que acababa de ver. Pero no lo es. La estructura, las confianzas, las seguridades se tambalean de igual manera. Ella, que lo había vivido y sospechado por años no se recuperaba aún ,¿cómo podía esperar que sus hijos salieran ilesos de esta?
Confiaba de alguna manera , que así como el ser hermanos de un niño autista les diera más tolerancia , el ser hijos de un homosexual incrementara también su capacidad de aceptación a la diversidad. Más resiliencia. Menos discriminación. Mejores personas.
La verdad… había sido su estandarte a ultranza… hasta ahora…en este caso ella tenía claro que su requerimiento no era para lucirlo como bandera de lucha…. Todo lo contrario : era por el temor que las niñas lo escucharan por ahí… en el colegio, en el barrio…No quería que después le recriminaran no haber sido honesta. Por otro lado, aunque sabía que esto le correspondía más al padre que a ella, no confiaba en cómo se los diría, así que quería estar presente, como cuando le contaron al mayor.
La verdad… ella a penas podía vivir con ella… la verdad para ella es que se moría por hacer el amor con un hombre que la deseara. Que se moría por volver a sentir su piel fundirse por la excitación, sentir un hombre sobre ella, en ella… Pero eso sí que no lo podía contar… años haciendo callar sus sospechas , años recriminándose por querer más, años reprimiéndose. No , a ella lo que realmente le dolía no era que su marido fuera homosexual. Era que no la había dejado amar. Y ahora ya era tarde.
En fin, no sabía cuanto rato había estado divagando entre una idea y otra. Y no sabía como decirle la verdad a sus hijas, ni si era conveniente decírselas…

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