Y de verdad lo pienso... nada peor que el odio.Y pucha que es difícil seguir por la vida como si nada. Porque he sentido ODIO del puro, del terrible, del atroz del destructivo. Del que se mete en todos mis actos y mis palabras, del que marca mis expresiones y deja un rictus amargo al rededor de mi boca... He sentido odio que casi no me deja respirar y que casi casi no me permite amar. Un odio parido, tremendo que desea lo peor. Y bien sé que no es bueno, que el odio se devuelve, que tengo que lograr ser indiferente y vencer todas mis pasiones devastadoras... bueno pues toca por el momento ponerme la mejor careta que pueda, hablar de los temas de siempre, fingir que sólo importan el trabajo, los hijos y las trocitos de amor que como mendiga voy juntando para tratar de armar algo a que aferrarme. Se trata de ganarle a la locura que siento me está esperando para asaltarme a la vuelta de la esquina. Mi razón está en peligro. Mi paciencia se esfumó. Me siento fracasada, estafada, utilizada y tremendamente amarga....No me gusto. No me gusto cínica, y desesperanzada.No me gusto sin mañana, sin risa, sin amor .
No, nada peor que el odio.
Quizás si Dios me escucha algo a pesar de todo pueda librame de este terrible sentimiento que me corroe por dentro y me lleve a mirar un nuevo futuro.
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