Hijo, yo sé que te cuesta entender.
Antes que todo, debes saber
que te amo, a ti y a tus hermanos
más allá de lo explicable,
más allá del poder de las palabras.
Hijo, yo sé que te preocupas
pero créeme, nunca me dejaré caer.
Siempre estarán ustedes
para recordarme la razón de vivir,
de luchar, de progresar, de reir.
No es que no sea feliz con ustedes:
no es que no me baste su amor,
que no me sienta querida,
soy muy feliz de ser madre
de estos cuatro hijos hermosos.
Pero comprende, la vida
no resultó como creí.
Yo pensaba que bastaba
con querer harto.
Yo creí que era suficiente
con ser honesta , con hablar.
No fue así.
Ustedes, mis niños ,
son el legado más válido
de toda mi historia.
Y nada más que por eso
todo valió la pena.
Pero hijo, aunque te cueste
trata de comprender
que llegada la noche,
extraño a quien contarle
mis triunfos y mis desaciertos
extraño con quien hacer planes
y a quien esperar para cenar.
me hace falta el calor
de un hombre que quiera
acompañarme un rato
un hombre que me quiera querer
sin vergüenzas, sin mentiras.
Extraño al amigo, al que escuche,
al que hable, al que duerma conmigo.
La soledad , hijo, , la soledad
del alma, es una cruel compañera.
Pero te prometo algo, hijo.
Te prometo que me verás más feliz.
Te prometo no quejarme
y gozar más los días que pasamos
juntos. Te prometo no avergonzarte
y sobre todo, te prometo
seguir luchando, acá siempre
con ustedes, para ustedes,
por ustedes.
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