El regreso 10 de diciembre 2010
Mi vuelo de regreso a Chile es en Aerolíneas Argentinas que sale de Aeroparque.
Aeroparque queda frente al estuario del río de la Plata. Como hoy llovió en Buenos Aires ( y sólo me di cuenta en la tarde por haber estado enclaustrada en el estudio todo el día en el Hilton), todo se ve diferente en la ciudad.
Las calles mojadas, el cielo como en relieve con nubes de distintos colores gracias al sol y sus tímidos intentos de hacer penetrar sus rayos a través de ellas.
El río de la Plata se veía bastante “ picado” y sus aguas cafés ofrecían un espectáculo a la vez atormentado y atractivo.
A la orilla del río muchas personas paseaban tras la lluvia. Siempre después de la lluvia , los paisajes por muy conocidos que sean parecen como nuevos y hasta huelen distinto.
Un padre y su hija de unos cinco años, estaban contemplando las turbulentas aguas , apoyados en el murito que los separaba de ellas. La niñita llevaba el pelo corto, vestía una falda rosada con vuelos y un cintillo en la cabeza que le hacía juego. No sé porqué me imaginé como recordaría en muchos años más aquella tarde de lluvia , la niña parada sobre la punta de sus pies, afirmada en la mano de su padre.
Recordé los días felices y despreocupados de mi propia infancia en Rancagua, sentada a lo india frente a la chimenea del living de mi casa tan amada… Me cautivaban tanto las llamas que mi padre me llamaba “adoradora del fuego”…y todavía lo hace a veces.
Es cierto que uno nunca vuelve a casa… porque todo cambia.
Pero aquellos momentos en que no hay una historia real que contar , en los que uno se conecta con algo tan simple como el fulgor de una hoguera o la espuma de las aguas, bajo el calor seguro del amor paterno, aquellos son momentos felices.
Qué extrañamente conectada me sentí con la niña del río de la Plata, sin jamás ver su cara. Pero no hacía falta en verdad, ya que su actitud , su corporalidad hablaban sin necesidad de expresiones faciales . Su total fascinación se desprendía de su postura… y por un momento me sentí como una intrusa adueñándome de su futuro recuerdo.
Los paseos al borde de mar o de lagos o de ríos siempre atraen a todo tipo de representantes de la humanidad. Y resulta divertido tratar de adivinar su historia.
¿ Porqué será que en Buenos Aires siempre hay tanto hombre guapo? Al menos he podido recrear a gusto mi vista, algo así como una niña en juguetería
gringa. En cada esquina hay uno y a veces andan de a dos o de a tres… ¡Uy! Bellos..argentinos, uruguayos, brasileños..
En fin… un poco más allá un hombre de unos treinta y tantos paseaba uno de esos ridículos y pequeños perros falderos… jajaja, me reí un poco imaginando a la dueña ( del perro y del hombre)mandando al humano en cuestión a sacar al animal apenas cesó la lluvia… jajaja, no tenía mucha cara de felicidad..
Una pareja más allá se besaba descaradamente. Me caen bien las parejas nuevas . Aprovechan cualquier excusa para manifestar su amor , estén donde estén: la lluvia, el término de la lluvia, la amenaza de lluvia, la salida del sol, la puesta del sol, la noche, las estrellas, el frío , el calor… jajaja, lo importante es darle el curso a las ganas. Y está bien que sea así, si al final lo triste es no tener ganas. O peor aún, tener ganas y aguantarse por un montón de “atendibles razones”. Creo que ninguna razón debiera ser suficiente como para abortar un beso.
Tengo más de cuarenta y me siento fenomenal. Por lo mismo , no quiero seguir ahorrándome besos. De lo que sí me quiero desprender en cambio, es de la amargura, del rencor, de la devastadora sensación de abandono. Tengo más de cuarenta y he conocido muchos hombres , aunque han sido pocos los que he querido retener. Tal parece que no tengo muy buen ojo y finalmente muy a pesar mío me encuentro sola.
Esta estadía en Buenos Aires se dividió categóricamente en dos partes.
La primera, extremadamente solitaria en la que el encuentro conmigo misma fue tan descarnado como despiadado . El todo rematado por aquel correo electrónico que alcanzó a alegrarme sólo un minuto . Su contenido no podía ser más gráfico de la distancia que el remitente ha ido tomando de mí. Una cachetada que no necesitaba. Al leerlo sentí que mi corazón explotaba del dolor y de desamor.
Y ahora no sé, me siento fatigada , cansada de sufrir y esperar que me amen. Ojalá sea cierto y pueda al fin dar vuelta la página , abrirme a experiencias nuevas, dejar de sentirme tan estúpidamente fiel y amarrada a un recuerdo que al parecer es más mío que de la otra parte.
La segunda parte en cambio, ya de lleno en el encuentro científico al que vine, rodeada de gente que no conocía y con la que me tocó compartir. Fue interesante en verdad, sobre todo evaluando mi capacidad de interactuar y de seducir gente nueva . Me sentí simpática y empática. De todas maneras atractiva a ojos de lo s demás, como antes hace muchos ,muchos años. De alguna manera sentí que recuperaba mi capacidad de pertenecer.
Fundamentalmente, saco en claro que no quiero que me sigan lastimando. De verdad creo que tengo tanto amor por ofrecer, tantas cosas por compartir, que cómo no va a haber alguien que lo sepa apreciar. Y filo con aquellos que no. No más histeria, no más donjuanes de bajo presupuesto, no más falsos inocentes.
Espero que este paso por Buenos aires sirva para dejar esto bien legible en mi piel y en mi corazón.
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