sábado, 12 de marzo de 2011

En Llico entró el mar

En Llico volvió a entrar el mar.
Lo hizo con poca furia esta vez ,
pero suficiente para barrer
con nuestras huellas.
Se llevó el recuerdo
de nuestras sombras entrelazadas,
la memoria de nuestras iniciales
en la arena, el peso
de nuestros pasos conjuntos.
El amor de julio se olvidó
bajo el paso del agua
y las olas destruyeron
los suspiros y las declaraciones
de amor.
Murió.
Se inundó ,
se ahogó ,
el sueño imposible que
logramos proteger
de miradas ajenas,
el secreto encuentro
de nuestras almas
que se amaron cuando
todo estaba en contra.
En Illicó entró el mar
a rescatar sirenas
y otras quimeras,
entre ellas el cariño
que nos prometimos
y que murió sin enfermedad.
El bosque no fue
una guarida segura,
porque el mar furioso
conocía ya el camino
y no hubo rama ni telaraña
que lograra guarecer
tamaño secreto .
El mar se llevó todo
y de nuestro amor
sólo queda el recuerdo
que tú y yo decidamos
preservar.
El muelle de fierro
sólo cruje bajo el óxido
y no recuerda
habernos visto pasar.
Los pelícanos se marcharon
hace tiempo ya
y las gaviotas sólo
piensan en ellas,
tampoco nos quieren recordar.
Las nubes decidieron enmudecer
tras el pánico de vivir
los exabruptos del mar.
Y la arena , bueno quién sabe
si la arena guarde
alguno de nuestros besos .
Algún día me detendré
en la playa para preguntar .
Pero no hoy ni mañana,
quizás cuando todo esté
tan lejos , tan lejos
que yo tampoco recuerde.
Y entonces no importará,
diré que fue un sueño .
Una historia de otro tiempo
o quizás una película.
Algo que se llevó el mar.
Algo que ni el viento
haya querido acariciar.

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